Los españoles y nuestros problemas de autoestima

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Sí, podemos ver el termómetro de muchos lectores subir de temperatura, así que antes de que muchos sintáis (sintamos) el impulso de saltar sobre Silberberg, pongamos su declaración en contexto: “Se habla mucho de los problemas del país, pero muy poco de sus fortalezas”, decía. Ah, esto ya es otra cosa. Ahora invitémonos a una reflexión: ¿En verdad está tan equivocado? 

El embajador señalaba que Alemania exporta a España principalmente automóviles, productos farmacéuticos y maquinaria. ¡Y España hace prácticamente lo mismo con Alemania! Y sin embargo lo que destaca continuamente es que exportamos únicamente vino y queso. Que está muy bien, por supuesto, aunque se debe señalar que no es lo único que exportamos. Y eso es un descrédito hacia nosotros mismos. ¿Por qué nos desacreditamos de esta manera? ¿Puede ser una señal de nuestra falta de autoestima?

Es como si el problema de la autoestima fuera un endemismo propio de este país. Como si se nos hubiera ido con la derrota de la Armada Invencible (algo que por cierto suele hacer mucha gracia a los ingleses) y la viniéramos arrastrando durante siglos.

Tendemos a ser profundamente pesimistas con nosotros mismos, por lo general (y para lo que queremos). En especial cuando estamos en nuestro país. Tendemos a creer que nuestro país es el único en el que por desgracia hay “chorizos” o corrupción (por poner ejemplos). Y no suene esto como una excusa o como argumento tratando de restar importancia a estos problemas. Son problemas gordos, problemones. Y lo que añadimos es que ya estamos luchando contra ellos. Empezando por sacarlos a la luz. Porque el hecho de que algo se omita no significa que no exista. Y si no se empieza por ahí, por sacarlos a la luz, poco hay que hacer.

Porque parece que dentro de casa nos despertamos siempre con un ojo hipercrítico, como si viniera de serie adherido a nuestro DNI cuando nos lo expiden en comisaría. Eso sí, cuando nos tocan algo… ¡entonces sale el orgullo! Ese orgullo tan español, tan que nos sube por las nubes, nos hincha la barriga, nos eleva la barbilla, ese orgullo que llama tanto la atención a los turistas… y que tan rápido se infla como se desinfla.

Pero no confundamos términos. Una cosa es el orgullo. Otra cosa, la autoestima. Vale, la autoestima puede tener una componente de orgullo, sí. Pero el orgullo no tiene por qué implicar autoestima. El orgullo es reactivo. La autoestima, es proactiva. El orgullo sale cuando nos pinchan, cuando nos provocan. El orgullo sale cuando estamos en finales de mundiales, masters de tenis, cuando tenemos alguien con quien compararnos. Cuando dicen que el aceite de oliva italiano es más bueno que el español, y entonces nosotros defendemos el español a ultranza, como si nos fuera la vida en ello (cuando hay aceites italianos que están de muerte también, y lo uno no quita lo otro). La autoestima es algo que está ahí, y permanece. Una seguridad tácita, profunda, serena, en nosotros mismos y en nuestras propias capacidades (que son muchas). La autoestima de un país es exactamente igual que la autoestima de una persona. Cuando está segura cuesta mucho vapulearla, doblegarla, dañarla. Incluso cuando se la provoca, esa persona se refuerza. ¿No creéis?

El embajador alemán defendía que fuera “se estima a los españoles más de lo que ellos se estiman a sí mismos, ya que ellos suelen verse con pesimismo”. Una cosa es cierta: si tuviéramos la autoestima al nivel que merecemos, blogs como este no tendrían por qué existir. A fin de cuentas, no vemos que los alemanes creen blogs que se llamen: www.wirsindauchso.de . Al menos no actualmente.

¿Problemas de autoestima o no? ¿Vosotros qué creéis?

 

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