La Casa de Carlota todos iguales pero todos diferentes

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La idea partió de 1000friends, un grupo de empresas que tienen en común el diseño, el ‘marketing’ y la responsabilidad social. “Pensamos que estaba muy bien promover acciones desde nuestra plataforma para integrar en el mercado laboral a personas con dificultad para conseguirlo, pero que además había que predicar con el ejemplo –explica Batalla–. Por eso decidimos crear un estudio propio en el que los diseñadores fueran estudiantes en su último año de carrera y personas discapacitadas, en concreto con síndrome de Down, autismo y retraso mental”.

El nombre lo puso Carlota, la hija de una de las socias de 1000friends. El talento lo aportó el primer grupo de trabajo, compuesto por 12 creadores, la mitad estudiantes y la otra mitad personas con alguna discapacidad“pero con tanta capacidad artística como cualquiera, lo que pasa es que ni ellos mismos son conscientes hasta que lo intentan de manera profesional”, subraya el director creativo.

El proceso de trabajo es el habitual en un estudio de diseño: reciben las peticiones de los clientes (logotipos, páginas web, ‘packaging’…), con la máxima exigencia de calidad y diferenciación, y tienen que ofrecer las mejores ideas para ser competitivos y que la cuenta de resultados permita mantener la empresa. “El cliente no nos juzga por las características de los diseñadores –continúa Batalla–. Tal vez, en igualdad de condiciones con otros estudios, se inclinen por nosotros porque promovemos la integración. Pero insisto, esto es una empresa, no una ONG”.

Carlo, Sara o Quim son parte de ese equipo lleno de talento que demuestra con cada proyecto de La Casa de Carlota que la discapacidad no siempre es un obstáculo y que nadie llega a conocer sus verdaderas limitaciones si no las pone a prueba. “También deben afrontar obstáculos y dificultades los estudiantes que hacen prácticas con nosotros. Lo tienen muy complicado para integrarse en un mercado laboral tan reducido. Por eso aquí les ofrecemos enseñanza y experiencia para que, al cabo de un año, sean capaces de crear su propia compañía”.

Se prevé que la plantilla de diseñadores con discapacidad vaya en aumento: “Nuestra idea es hacerles un contrato fijo y que trabajen de manera estable con nosotros. Este año hemos contratado a dos y queremos contratar a otros dos cada año, si las cosas van bien. Antes realizamos una selección de las personas que pensamos que pueden convertirse en buenos diseñadores y los tenemos unos meses a prueba para ver si cumplen con las expectativas. Si es así, ya forman parte del grupo”, concluye José María Batalla.

Lo cierto es que el equipo funciona: el número de encargos y de proyectos es cada vez mayor, y esa es la mejor prueba de que los clientes encuentran en sus trabajos, como aseguran en web de La Casa de Carlota, una sorprendente visión del diseño y la creación, innovadora, fresca y maravillosamente diferente”.

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